ÉL

 He tenido muchas familias, y no es porque sea huérfana y haya estado en hogares de paso, es porque la vida me ha brindado la oportunidad de experimentar mi condición humana en ese gran laboratorio como lo es la familia.

Dos matrimonios, una convivencia por fuera del matrimonio y los tres matrimonios de mi hija han sido círculos en los que me he movido como pez en el agua, porque a pesar de no tener una familia estable soy diestra moviéndome y perteneciendo a este tipo de estructura social.

Con Don Orlando que es el suegro de mi hija, hicimos "migas" (simpatizamos) desde el primer momento, muy pronto descubrimos que teníamos posiciones políticas antagónicas, que yo tomaba con humor del que ambos nos podíamos reír, porque para mí es más importante el vínculo que nuestras diferencias. Han sido 7 años disfrutando de la Navidad y de algunos viajes de vacaciones con toda la familia. 

Pero este año todos hemos querido movernos de nuestra zona de confort y hacer cambios en la dinámica establecida para estas fechas por sus problemas de salud. 

Y yo estoy feliz de poderme adaptar a estos cambios para darle tanto a él, como a su esposa y a sus hijos una demostración del afecto que ya me une a ellos porque la familia extendida de mi hija es también la mía. 

Y aquí estoy en mi amada Colombia haciendo lo que mejor sé hacer: vivir y acompañar en vida a quienes se han ganado mi afecto, y Don Orlando bien que se lo ha ganado. 

Aquí estoy viendo sus trece menciones de honor durante su vida militar colgadas en la pared enmarcando un cuadro con las 15 medallas que también ha conseguido en la milicia, las he contemplado minuciosamente por varias noches imaginando la alegría dibujada en su rostro cuando le fueron entregadas. 

Ayer perforaron su baño impecable para instalar una silla que le facilitará el baño, y él con esa dignidad con que ha vivido acepta los cambios de su escenario físico con un estoicismo envidiable. 

Lo veo apacible disfrutando del afecto de los suyos a pesar de sus malestares físicos y siento reverencia por su fortaleza y por la calma que ha conseguido asegurarse en medio del caos que vive su cuerpo. 

Solo tengo agradecimiento por la oportunidad que me ha dado de vivir la celebración de fin de año de una manera diferente, cargada de sensibilidad, humanismo, alegría y fortaleza, por estar en primera fila disfrutando de la resiliencia de su esposa y por poderme acercar al corazón de todos, incluso, o sobre todo, de aquellos cuyo corazón lucía gélido y reacio, porque me han otorgado nuevas perspectivas del ser humano. 

Experimentar aunque sea por momentos de este tipo de amor que lo integra todo, es la mejor manera de empezar el año. 

PD: unas horas después de publicar esta entrada, Don Orlando entregó su alma y soltó el empaque que le permitió impactar en la vida de tantas personas. El 31 de diciembre fuimos muchos los que lo abrazamos con la certeza de que era la última vez que lo hacíamos, pero con una súplica en el corazón porque estuviéramos equivocados. 

Somos polvo de estrellas. 


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