EL DERECHO A LA EXPERIENCIA
Durante las interacciones personales, transitamos por muchas áreas de intolerancia con los demás, tenemos la manía de querer que los demás sean y se comporten conforme a nuestros deseos y expectativas, cuando eso no sucede, actuamos de manera irrespetuosa la mayoría de las veces, y le arrebatamos al otro el derecho a su propia experiencia, porque estar equivocados y cometer errores también forma parte de nuestra experiencia, de hecho nuestros errores y equivocaciones son el punto de partida de nuestro crecimiento y evolución.
Una de mis intolerancias más grandes tiene que ver con la compulsion que tienen los dueños de perros de llevarlos a todos los lugares de visita y someter a los demás sin consideración alguna a la presencia de su mascota, algo que a mí me parece invasivo.
Durante una celebración a la que fui invitada una mujer se sentó a la mesa con su perro cargado entre su hombro y su pecho, yo que estaba a su lado me sentí particularmente afectada por la escena, la mujer difícilmente podía comer porque tenía sus manos ocupadas, pero se las ingeniaba, cuando alguien le sugirió que dejara el perro en el piso ella hizo gala de una demostración del exagerado apego que, según ella, tenía su perro por ella, porque el perro se molestaba, y fue tan evidente para mí que ella experimentaba una mezcla exquisita de alegría, halago y orgullo por sentirse necesitada por el perro, similar a lo que sienten las mujeres frente a los celos de su macho como la máxima expresión de amor.
Entonces no tuve corazón para arrebatarle su trozo de cielo, porque más que comprender pude sensar la soledad tan grande que ella sentía y lo duro que la golpeaba, que necesitaba tanto ser necesitada, y entonces me refugié en ese silencio meditativo que le precede al respeto por la experiencia del otro, y descarté la posibilidad de cambiarme de asiento, verificando así que el solo hecho de cambiar mi perspectiva me traía la tranquilidad que me estaba dejando arrebatar inicialmente.
Siempre he pensado que los conflictos interpersonales empiezan con la palabra YO.

Comentarios