MUJERES BRUJAS Y DIOSAS.

Cuando mi amiga Marisol Correa sale al escenario, siempre hace gala de esa fuerza femenina de la que ella es poseedora, generalmente escenifica el alma salvaje de mujeres que se atreven a hablar de lo que nadie dice. Sus monólogos son crudos y fuertes, con una exquisita dosis de humor que ella consigue integrar sin hacerle perder seriedad al tema, sus monólogos son ante todo un grito que las mujeres hacemos cuando hemos abandonado nuestra fuerza y nuestro coraje interior en algún cajón de esos que abrimos poco, en aras de seguir manteniendo matrimonios infelices y relaciones disfuncionales. Cuando escucho los monólogos de Marisol no se si reírme o llorar, ella hace que uno se identifique con el personaje, porque siempre sus temas son tan bien seleccionados que en un sólo monólogo hay muchos sinsabores femeninos y todas hemos estado alguna vez en el lugar de esa mujer que grita desde las fauces de Marisol.


Aunque ella no es una feminista consumada, parece estar destinada a ser la voz de muchas de nosotras. Recuerdo una vez que me invitó a su casa a almorzar, había invitado otras de sus amigas y mientras la comida terminaba su proceso en la cocina, ella narró para nosotros una sesión de ejercicios en uno de esos gimnasios que sirven de pasarela para la gente físicamente bella, como Marisol es una actriz innata sus relatos se convierten en perfectas escenificaciones donde no hace falta ningún montaje visual porque ella le hace ver a uno todo el lugar y los personajes. A pesar de que ella estaba narrando su experiencia personal en aquel lugar, escuché la voz de todas las mujeres que en alguna ocasión hemos entrado a un sitio donde el culto a la belleza nos arrebata por algún tiempo, nuestra autoestima y nuestro sentido de valía. Pero lo más mágico de todo es que Marisol consigue no solo reírse de ello, sino que consigue que nosotras nos riamos de nosotras mismas, y siempre he pensado que hay algo terapéutico en ese acto, cuando una mujer es capaz de reírse de si misma, cualquier tema relacionado con su poca valía pierde fuerza y poder sobre uno.



Es de las cosas que más disfruto de ver a Marisol, siempre encuentro, bien sea en su trabajo artístico mediante sus monólogos, o en sus narraciones personales una complicidad femenina que deja al desnudo nuestra vulnerabilidad pero lo más importante la fuerza que subyace a esa vulnerabilidad.

Si las mujeres nos permitiéramos más estos espacios donde el alma femenina se expresa abiertamente, donde alguien en nuestro nombre habla de lo que no se dice, donde la viuda no llora su muerto sino que lo insulta porque finalmente pudo apropiarse de la libertad de palabra sin temor a la represalia de su macho, donde la mujer puede gritar que su esposo es mala cama, pueda reclamar su derecho a ser sexualmente satisfecha y no más un objeto de placer para otros, donde pueda ser sensual sin el azote de la imagen sobrevalorada de la barbie o de la supermodelo extradelgada, donde podamos finalmente ser nosotras mismas y quitarnos las máscaras que la sociedad nos obliga a ponernos a cambio de un poco de aprobación. Si accediéramos a estos espacios, quizá seríamos mujeres más vitales, más auténticas, menos neuróticas, más conocedoras de nosotras mismas y por ende de ellos. Porque en estos espacios es donde soltamos a la bruja de magia negra y a los demonios que nos habitan, obligándonos a comulgar con nuestros polos femenino y masculino y a abrazarlos a los dos, entonces sabremos que los hombres no son nuestros verdugos, sino nosotras cuando pensamos que tenemos que convertirnos en otras, excepto en nosotras mismas para obtener la aprobación de un sólo hombre. En estos espacios nos damos cuenta que la bruja de magia negra, vive suelta en nuestras vidas y que adopta miles de disfraces, con los que nos aseguramos aniquilar poco a poco nuestras relaciones, por eso no están equivocados algunos hombres cuando se refieren a sus esposas como “fieras” en eso llegamos a convertirnos cuando perdemos contacto con nuestro instinto salvaje y le negamos un buen espacio para nutrirse. El alma salvaje de la mujer domesticada es más peligroso porque está encerrada, por eso hay que liberarla y gritar y reír a carcajadas y ver más allá de nuestros trajes de víctimas.

Siempre salgo de sus espectáculos empoderada de mi rol femenino, sabiendo que mis vulnerabilidades no son las mías, sino que son compartidas con cada una de las mujeres que pisa este planeta sin importar si son reinas, modelos, amas de casa, barrenderas ejecutivas, vendedoras o policías. Todas compartimos el mismo deseo de ser amadas y aprobadas sin tener que renunciar a nosotras mismas.

Comentarios

juan cubillos ha dicho que…
estoy por creer que muchos de los males q nos aquejan son por falta de decicion al momento de enfrentar las situaciones de las que salen, si dejaramos de estar preocupandonos en la apariencias de lo fisico, del q diran y deotras mas, tal ves seriamos mas transparentes con nuestro yo interior.
cuando dices q al reir de las situacionespropias te sientes bien es por q asi es y no solo bien el alma y espiritu descansa cuandop dejamos salir las cosas buenas y malas esa es la forma en q de muestro ser se recetea.
mil besos.
Viter

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