DÉJALO SER

Venía de un gimnasio donde había elegido las clases que tomaba y los profesores que me gustaban, todo era tan predecible y eso me daba una ficticia sensación de seguridad, no sólo a mí, me daba cuenta que eso le pasaba a muchas de mis compañeras, sólo había que ver como se ponían cuando nos enviaban un profesor suplente, la mayoría se marchaban de la clase.

Este año me cambié de gimnasio, entré en uno enorme donde tenemos útiles e inútiles para ejercitarnos, donde hay horarios de clases casi todo el día y uno no sabe cual elegir, lo cual ha sido muy favorable para mí ya que mis horarios han  sufrido variaciones drásticas y cambian casi que semanalmente, por lo que no tengo control sobre las clases que tomo, debo ir a la clase que esté disponible cuando yo tengo tiempo. Esto me ha dado la oportunidad de tener que simpatizar con todas las clases y con todos los profesores disponibles, digamos que en este momento no tengo la oportunidad de juzgar quien es buen o mal instructor, que tengo que sacarle provecho al que me toque, lo cual ha tenido un impacto muy positivo en mi nivel de tolerancia, es un buen ejercicio limpiar la mente de juicios y entrar a la clase con la mente en blanco y dejar que cada profesor escriba lo que él mejor sabe hacer al respecto y que yo simplemente lea, sin ponerle un rótulo de bueno o malo.

Las ventajas de esta experiencia han sido muchas, por ejemplo me he dado cuenta que con la variedad de profesores que me tocan, cada día ejercito músculos diferentes porque ellos hacen clases diferentes. En la clase de spinning por ejemplo estaba habituada en el anterior gimnasio a dos profesores que hacían la misma clase cada vez, en cada clase trabajábamos desde resistencia hasta mucho ejercicio cardiovascular; y hacíamos todos los ejercicios que se hacen sobre una bicicleta en una hora, tratando de trabajar la mayor parte posible de nuestro cuerpo. En este gimnasio los profesores se concentran en una sola área de spinning en cada clase, como hay varias clases al día y hay de domingo a domingo uno puede elegir que quiere trabajar (los que tienen más flexibilidad de tiempo que yo).



En este momento estoy dejando al universo actuar sobre mi estado físico, voy a cada clase que puedo de acuerdo a mi horario, con la entrega y el entusiasmo de siempre y sobre todo libre del prejuicio, de si el entrenador es bueno o malo, y estoy maravillada de todo lo nuevo que he aprendido en materia de ejercitarme, cosas que nunca aprendí en el anterior gimnasio en todos los años que estuve allí, porque estaba aferrada a lo conocido, pero que sólo me quitaba la oportunidad de conocer otras cosas.

Esto me hace pensar en la magia que se desataría en mi vida si pudiera hacer eso en todos los demás aspectos de mi vida, si soltara el control sobre como quiero que sean mis citas, mis eventos y sobre como quiero que se comporten los demás dejando al universo sorprenderme.

Estoy aprendiendo a ver la gama de grises que hay entre el blanco y el negro de mis prejuicios, no sólo respecto a la gente, sino a las circunstancias y a los lugares donde voy, estoy ejercitando en desprenderme cada vez más de los juicios de valor respecto a quienes son las personas con quienes interactúo, bien sea porque he recibido referencias de ellos en el pasado o porque me he formado opiniones distorsionados de ellos, porque no encajan en un modelo ideal de compañía o de persona con quien quisiera interactuar. Eso me permite ver lo valioso que todo ser humano contiene dentro de sí, independientemente de sus errores y de lo visibles u ocultos que los tenga. Pienso que esa idea que tenemos de ser selectivos en nuestras relaciones interpersonales sólo es un disfraz que le imponemos a nuestra intolerancia, todos somos tan parecidos, lo que nos hace proceder con esa “selectividad” es sólo el temor de vernos reflejados en los peores espejos en que los demás se puedan convertir, el reto es no quebrar esos espejos y no dejarnos engañar pensando que esas imágenes distorsionadas que vemos a veces, es todo lo que somos, y todo lo que los demás son.

Al igual que en el gimnasio puedo ejercitar músculos diferentes con cada instructor, la diversidad de gente con que nos relacionamos nos otorga la oportunidad de ejercitar músculos emocionales diferentes, no para ser mejores, porque ya lo somos, sino para reunirnos con el verdadero yo superior que todos tenemos dentro.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Linda, no hagas demasiado ejercicio pues a algunos hombres les gustamos jamoncitas!
Love,
Vilma

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