CUENTOS DE CAMA.

A Diego por dormirme a cuento.

Los cuentos de cama nacieron como una forma de ser consolada por la pérdida de mi madre, como una manera de ocupar un espacio a mi lado para que las noches me fueran llevaderas. Él me conducía de la mano de su imaginación por historias de su vida real, pero narradas con una magia descriptiva que me atrapaba, aunque no había nada que ocultar, ni nadie de quien ocultarnos, su voz se tornaba un susurro que le daba un toque de intimidad a las historias de cama. Durante el día hacíamos referencia a ellas y llegaron a ser el objetivo de vivir el día, en tiempos en que necesitaba un aliciente para sobrevivir al paso del tiempo.

Reconozco que lo llené de promesas que no cumplí del todo, él hacía la lista de temas que convertiríamos en cuentos de cama, estaba deseoso de escuchar tantas cosas de mi voz, había estado leyéndome por meses en mi blog y nada le cautivaba más que tener a la escritora en vivo y en directo y que lo convirtiera en el lector de primera fila. Pero fui avara, porque muy pocas veces hablé para él, en cambio él tenía siempre una historia con la que conseguía hipnotizarme, y cuando estaba a punto de abandonar su narración me despertaba y protestaba por el final de la historia que muchas veces, al igual que Scheherezade, él postergaba para el día siguiente.

Muchas noches se despertaba en mí una niña asustada que le temía a la oscuridad y a los espacios de aquella casa que olía a mi madre más que a nadie, entonces lo despertaba para que me contara un nuevo cuento de cama. Mis temores también hicieron que nuestra cama fuera ambulante, andábamos por diferentes partes de la casa tratando de encontrar el lugar que me otorgara mas tranquilidad emocional, menos confrontación con el dolor, llegándose a constituir la sala en la ubicación favorita para nuestra cama. Nadie decía nada, y la misma Amelia, la que fuera la empleada de mi madre, seguramente guardó en alguna parte sus prejuicios, si es que los hubo, porque nunca vi asomo de escándalo en su rostro porque compartiera la misma cama con un hombre joven que no era mi esposo. La noche se engalanaba para nuestro ritual, abríamos una botella de vino y despedíamos a todos en sus habitaciones para sumergirnos en nuestros cuentos de cama.

Lo cierto es que no sé, si era su voz, su estatura, su poder masculino o la mezcla de todo eso lo que hacía que el insomnio no fuera parte de mi vida en aquellos días, dormía placidamente cuando él estaba conmigo, una sensación de protección me embargaba cuando él me arrullaba con sus cuentos de cama.

Con él viví aquello de lo que carecí en mi infancia, la lectura de cuentos antes de dormir; y comprendí lo mágicos que son además del ingrediente terapéutico que contienen, el sonido de la voz del narrador le brinda a uno la sensación de seguridad, de que alguien se quedará allí luchando con los monstruos nocturnos que a veces nos arrebatan el sueño y que con la edad se transforman en monstruos más reales, como las cuentas por pagar, el amor no correspondido, las hormonas jugando con nuestro cuerpo; y los temores a no ser lo que se espera de nosotros, o lo que nosotros mismos esperamos ser.

Cuando se marchó a Medellín dejó un hueco en aquella cama, en mi corazón y en el de todos los que estábamos allí, como si todos hubieran escuchado sus cuentos también. Así que lo hicimos regresar de nuevo, éramos algo así como escuchadores de cuentos de cama dependientes, y él regresó, no una, sino dos veces más, a contarme historias de cama y a esperar pacientemente que algún día yo le contara una sola de mis historias antes de escribirlas, pero me temo que nunca fue posible, estaba demasiado adicta a sus cuentos para cambiar esa tradición. Él pensará en este momento que no quise, pero es que él no ha dormido nunca con un hombre como él, contador de historias de cama que constituyen un deleite para el oído y un bálsamo para el espíritu, por eso él no sabe lo que es eso y es posible que nunca lo sepa.

Comentarios

Ana Maria Melendez ha dicho que…
Ah!!! Que delicia de escrito. Cuentos de Cama... un HIT
Anónimo ha dicho que…
Simple y sencillamente hermoso, como el alma del contador de cuentos........
El fotografo
Diego Monsalve ha dicho que…
Hermoso prima...un dulce recuerdo para momentos tan fuertes, no me desilusionaste… disfrute cada momento que me escuchabas…si llegue con una idea… pero a mejor sorpresa fue que te gustaba escucharme… te amo…
Diego Monsalve ha dicho que…
Una historia mas para nuestro archivo familiar...y algun dia volverlos otro tema mas de CUENTOS DE CAMA...
Edgar E. Hazbon ha dicho que…
Apasionante narracion,
No sabe Uno Hacia Donde Va Pero Va ¡¡
Anónimo ha dicho que…
Lastima que esas bellas historias y cuentos de cama que tantas emociones despertaban en nosotros, en la actualidad esten siendo remplazadas por otras emociones extremas, las de los videojuegos, dejando de alguna manera la cama vacia de sentimientos!"
Felipe A Lora

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