MIS DÍAS FELICES EN EL INFIERNO

El poeta Húngaro Gyorgy Faludy supo que sería poeta a la edad de 9 años, como era judío, se le puso en la lista negra y se le prohibió publicar su poesía, así que se dedicó a traducir los versos de Villon y Verlaine, así empezó a publicar sus propios versos pretendiendo que eran los de Villon. Los intelectuales de Budapest estaban al tanto de su estrategia y apreciaron los atrevidos versos todavía más a causa de los riesgos que corría el autor.

Estuvo preso durante la segunda guerra mundial dos veces, una de ellas consiguió huir y llegar al África, donde los franceses que colaboraban con los nazis lo metieron otra vez preso. Faludy sobrevivió a duras penas de encarcelamiento hasta que fue liberado y emigró a Canadá y Estados Unidos donde no se adaptó porque sus habilidades resultaban casi inútiles en una tierra extraña

Después de la segunda guerra mundial regresó a Hungría donde fue apresado nuevamente por escribir un ataque alegórico contra Stalin. Faludy fue torturado en los calabozos y luego enviado a uno de los campos comunistas de los que muy pocos regresaban. Y fue precisamente allí donde su musa empezó a cantar. Lo más conmovedor de la obra de Faludy es que no fue escrita, ya que en el campo no había lápiz ni papel, así que al principio él memorizó sus poemas, luego para evitar perderlos por causa de la muerte o por traición de su memoria consiguió que sus compañeros de prisión los memorizaran.

Allí compuso una larga elegía para su esposa y cada parte fue memorizada por distintos compañeros, algunos de ellos liberados antes que Faludy, quienes fueron a visitar a su esposa para recitarle la parte del poema que habían memorizado. Cuando finalmente consiguió regresar a la civilización publicó su obra con la ayuda de ejercicios de nemotecnia que el mismo diseñó para recordar sus versos. Poco después empezó a recibir cartas de todo el mundo desde Brasil hasta Nueva Zelanda conteniendo correcciones de sus poemas. Las escribían compañeros de prisión, ahora repartidos por todo el mundo que se habían memorizado los relatos de Faludy. La mayoría de estas correcciones se añadieron en las siguientes ediciones de la obra de Faludy.



La biografía de Faludy es junto a la del Márquez de Sade las que más me han inspirado en mi vida como escritora, sobre todo ahora que me planteo la idea de publicar en papel porque los lectores lo piden básicamente. Lo cual me ha llevado a preguntarme qué parte de mi necesita publicar y cual es mi objetivo como escritora. En lo que he concluido que la idea de satisfacer al ego con una publicación no es la que más me seduce, en cambio trasmitir un mensaje y movilizar la conciencia de mis lectores motivándolos al cuestionamiento tanto personal como social es en cambio mi ambición más grande, algo que considero que he cumplido publicando mis escritos vía Internet. Durante la segunda guerra mundial cuando Faludy escribió muchas de sus obras (el murió en el 2006) no había Internet, con lo cual era más difícil llegar a la gente, no obstante me maravilla que pese a esa escasez de recursos sus textos hayan superado la barrera del tiempo, la persecución y la adversidad para seguir cobrando vida ante los ojos de nuevos lectores que el jamás se imaginó que lo leerían. De alguna manera el escritor inmortaliza su obra cuando la crea, aunque dependemos de otros para cuidarla y trasmitirla, son otros los que deciden si nuestra obra muere con nosotros o si se queda.

Los expertos dicen que a mi obra hay que hacerle cambios, que hay que meterla en el tiempo y el espacio apropiados para ser publicada, pero yo no quiero esperar a que mi obra adquiera valor por su virginidad cuando yo no este aquí en este planeta, no quiero esperar a que un pionero del futuro decida que justo mi obra vale porque me rehusé a hacerle cambios para encajar en moldes intelectuales. Ni quiero tener libros póstumos, no al menos libros que yo misma no haya publicado aunque sea artesanalmente. Así que decidí que publicaré mi obra tan virgen como está, aunque carezca del profesionalismo que los expertos exigen, sólo porque creo en ella, en mí, porque sé que es buena, y sobre todo porque sé de los efectos colaterales que ha tenído sobre aquellos que se han permitido ser tocados por mis letras. Porque sé de la capacidad de metamorfosis y la fuerza que tiene mi pluma.

Como no soy una escritora famosa cuyos escritos han sido reseñados por los eruditos en literatura y los escándalos que he protagonizado no han sido lo suficientemente fuertes para atraer la atención de la prensa, supongo que esto de comercializar un libro será una odisea que no estoy segura de querer emprender. Entonces mi libro, al igual que mi poemario “Lumediana” se reunirá con sus lectores de acuerdo con una especial sincronía cósmica que me dará tema para seguir escribiendo, y que tocará la vida de quienes la adquieran, porque esa es mi única y mejor garantía.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hola Lulu,

No solo tu crees en tu obra, muchos de tus seguidores creemos tambien en ella, lo revelamos a traves de nuestros comentarios. Animo Lulu, eres una excelente escritora, no solo logras sacarnos sino tambien despertarnos, asi sea por momentos, de este rutinario mundo en el cual vivimos inmersos.
Me gusto mucho tu escrito sobre la "caminata" por la playa de Abuela-Nieta, SIMPLEMENTE HERMOSO !!!!!
Un abrazo,
Clemencia Huertas

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