VISITANTE NOCTURNA.

Siempre llega con el mismo vestido morado, y siempre está tan feliz, como no la había visto antes, me dice cosas bonitas y dulces y me hace sentir que no tengo nada de que preocuparme, aunque cuando la vi volando en medio de luces de colores temí que se cayera, porque que yo sepa no sabe volar. Aquella vez subíamos a ver a mi amiga Dunia que vive en San Antonio, casi no podía reconocer las calles de aquel barrio caleño que siempre me deslumbra por la magia y la perfección con que encierra el tiempo en su arquitectura. Pensé que había pasado mucho tiempo desde que había ido a Cali y por eso lucía tan distinto, no recordaba aquella montaña de arena que parecía un desierto en el centro de Cali, y entonces fue cuando recordé que ella había muerto y que si venía conmigo en ese momento era porque me estaba jugando una broma, o a lo mejor me la estaba jugando yo misma con mi juguetona imaginación. Es un escrito mío, pensé, seguro que empecé a escribir en la madrugada este cuento y me quedé dormida y me metí en el cuento, pero todo era demasiado real para ser un cuento, entonces es un sueño, pensé, seguía siendo muy real para serlo también. Giré hacia ella que se había quedado un poco más atrás, mientras yo seguía tratando de recordar como era san Antonio la última vez que lo visité, me quedé mirándola seria, y decidí confrontarla con su realidad así que le dije “pero tú estas muerta” y ella con esa altivez que siempre la ha caracterizado me respondió “ocupada”.


Después llegó con otro vestido morado uno estampado, fue cuando mi esposo se había desviado de la Interestatal 95 para llegar a un pueblo, el dijo que había tomado la paralela, e íbamos con mi nieta, algo sucedió con el auto que tuvimos que descender y mi esposo desapareció con el auto dejándome en medio de la nada con mi nieta. Encontré una casa abandonada donde decidí refugiarme y donde había que subir a través de unas escaleras talladas en piedra, en la casa había un hombre joven desnudo al cual reconocí de inmediato, aunque no lo había visto nunca, algo me decía que él era un sonámbulo mogadoriano, que estaba allí cultivando un jardín, se lo dije y él sonrió mientras fingía no saber de que le hablaba, luego llegó el otro hombre desnudo que era mi amigo de tantos años atrás y nos abrazamos, fue cuando escuché su voz grave desde la parte baja de la casa y salí a recibirla, con su vestido morado estampado, feliz, radiante, la abracé como si jamás la quisiera soltar y la llené de caricias, hablamos mucho más tiempo del que nos hemos permitido en otros encuentros, de pronto ella fue disminuyendo de tamaño y recordé que estaba muerta, pero aún así lucía tan feliz!.

Mi madre me visita en las noches siempre vestida de morado, se mete en mis sueños para consolarme expresándome que está felizmente muerta, como cuando uno está felizmente casado, a veces despierto recordándola más que nunca y llorando sin consuelo, con una misteriosa nostalgia anclada en mis huesos, en mis músculos y en mi sistema circulatorio. Un olor penetrante a Cali mañanero se apodera de mi olfato y no consigo ubicarme geográficamente aquí en Hollywood en la ciudad que resido, aunque salga a la playa y sepa que Cali no tiene playa, ese olor a Cali mañanero persiste, el olor a chocolate en leche que subía las escaleras para rescatarme del sueño, su silueta junto al desayuno, el cielo abierto de las mañanas caleñas, y la gente con su expresión de felicidad que se me hacía insoportable cuando mi madre estaba en la funeraria, como podían ser felices si yo estaba destrozada!

No sé que sucede porque mi madre no termina de consolarme del todo ¿será que la muerte nos torna más egoístas de lo que somos? Yo ya sé que ella es feliz donde está, pero ¿porque eso no es suficiente para mi? ¿será que ella no sabe lo infeliz que soy a veces porque ella ya no está?

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hermoso prima... sin palabras... un buen recuerdo en el exterior

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