AURORA MONSALVE

Durante toda mi vida he padecido deuterofobia (fobia a los lunes) mucho más allá de lo que es racional para algunos, seguramente como augurio de que mi madre moriría un lunes a primera hora de la mañana. De eso hace ya un año, y todos los acontecimientos de aquella madrugada están en mi mente como si hubieran pasado ayer. El rostro infinitamente bondadoso del médico que estaba de turno y su apoyo, el mundo que quedaba por fuera de aquella habitación de cristal que me mantenía en contacto con todo lo que pasaba afuera: un grupo de enfermeras reían divertidamente de alguna travesura que una de ellas contaba, una mujer recibía una buena noticia en otro cubículo de cristal acerca de su familiar enfermo, un hombre entraba timidamente a otro cubículo donde había un hombre que lucía dormido, un paciente miraba con dificultad desde su cama tratando de saber lo que pasaba en nuestro cubículo.

Los aparatos que lo mantienen a uno de este lado de la vida con una esperanza que se desvanece con el paso de los minutos, trabajaban eficientemente, pero pésimamente para mi gusto, y aunque quería gritar y mostrarle al mundo mi alma desgarrada por la muerte, no tenía sentido hacerlo. Ahí estaban danzando frente a mi, la vida y la muerte, la cruda realidad que a diario nos abraza y que nosotros pretendemos ignorar, la vida continuaba para quienes no tenían nada que ver con mi madre, y hasta para mí que tenía todo que ver con ella, en ese momento ella era un alma que luchaba por dejar un cuerpo que sólo le aportaba un poco de dinero al salario de los que trabajaban en aquella sala de cuidados intensivos.

Reconocí que otra vez, como al principio, como después y como ahora al final, solo éramos ella y yo, como siempre fue, las dos solas, acompañadas máximo por una empleada doméstica, así que el cuadro era perfecto, Amelia, la mujer que la acompañó los últimos años y que cuidó de ella, estaba también allí, interpretando su mejor papel de mujer fuerte conmigo, porque se lo pedí, porque cuando ella quiso estar allí para despedir a mi madre y se desmoronó como una torre de arena con el paso del viento, le pedi que no quería llanto, ni una sola lágrima, sólo quería silencio y palabras de una despedida que fuera digna de lo que había sido su vida.


Una de las ultimas fotos que Amelia le tomo a mi madre, cociendo en su maquina antigua.

Aunque muchos piensen que una máquina la mantuvo con vida hasta el último minuto, yo estoy segura que fue ella quien mantuvo esa maquina funcionando hasta que su nieta en Estados Unidos despertara y llamara por teléfono a preguntar por ella, de esa manera se aseguró de marcharse cuando su nieta de alguna manera estuviera presente, porque justo en el minuto que mi hija preguntó por ella en el teléfono, su alma dejó el capullo y se erigió cual mariposa libre en la eternidad, eran las siete de la mañana menos diez minutos de un lunes 9 de agosto y yo sentí que un peso enorme se había caído de mis hombros, que su cuerpo que ya le pesaba y con el que no podía ya seguir cargando, había cedido y había por fin liberado al espíritu libre que siempre fue mi madre.

La última imagen que tengo de ella, coincidió con la imagen fuerte y poderosa de la mujer que conocí, así la vi cuando mi primo Antonio destapó por completo el ataud y la miré desde abajo, como si hubiera ganado peso y estatura, como si tuviera unos 40 años, como cuando yo era una niña y tenía que mirar hacia arriba y veía un enorme y esbelto cuerpo que inspiraba respeto más que nada. Con su vestido color salmón me hizo recordar el día que se lo compré para llevárselo de regalo en una de mis visitas a Colombia; y como jamás imaginé que estaba comprando su mortaja…su rostro estaba engalanado por una bella sonrisa con una mueca de triunfo en la comisura de sus labios que me era familiar y que agradecí al tanatólogo que hubiera conseguido rescatar. Todo estaba en orden por más que dentro de mí hubiera tanto caos y mis sentidos estuvieran tan agitados. Por eso pudimos hacer de su velación más una celebración que un evento doloroso en donde parte alguien que dejó algo pendiente. Seguramente que muchos de los que estuvieron allí se sorprendieron de mi ausencia de llanto, y sobre todo de las risas que compartimos toda su familia y yo, pero pienso que ese ha sido el mejor homenaje postumo que le pudimos haber hecho, su familia viajó desde diferentes partes del país para estar allí, su partida estuvo al servicio de una reunión familiar que nunca antes tuvo lugar, mi madre se fue haciendo cosas bellas en este mundo, y eso me llena de satisfacción y me anima en momentos en que pienso en su muerte como una pérdida, no fue una pérdida, fue el fin de una misión perfectamente cumplida y un ciclo que se cerró. Mi madre le hizo honor a su nombre, ella siempre fue la Aurora* de mi vida.

*Luz sonrosada que aparece en el oriente inmediatamente antes de la salida del sol



Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Sí, hace un año, estábamos Nata y yo en B/quilla cuando me enteré creo que por facebook de lo de tu madre. Como siempre tienes la facilidad para describir a las personas y a esos momentos que la vida nos regala. Muy bonitos los recuerdos del video de youtube. "Esto también pasará", esa frase que debemos recordar en las diferentes etapas de nuestra vida, la cual continua independiente de lo que cada uno piensa. Quedan los buenos recuerdos. Por eso lo importante de ese escrito "En vida, hermano, en vida". Abrazos superpositivos para tí y toda tu familia. Mirta
Anónimo ha dicho que…
Que lindas palabras y que bellos recuerdos, estoy segura que tu mami sigue viva en ti, tu hija y tu nieta. Eso es lo lindo de la vida , hay que celebrarla y en su despedida hacerlo con alegria. Un abrazote
Claudia
Anónimo ha dicho que…
Ay mi Luz me has arrancado muchos suspiros del corazón y del alma, que escrito tan bello, que descripción tan real y cruda has hecho pero tan llena de conciencia
Un abrazo del alma, tu fotografo.
Anónimo ha dicho que…
Amiga que homenaje tan hermoso has dado a tu madre, yo la recuerdo sobretodo por la lucha que siempre tenía con jesica y su rebeldía en esa época , fue una gran mujer sabía lo que estaba cosechando por que al final recibió la recompensa de todo el amor de su nieta.
Tambien me acuerdo en los 15 años, ella estaba tan o mas emocionada que la cumpleañera.
Siempre fue atenta y cordial conmigo y eso se lo agradezco con el alma.
Dios la ha de tener entre ángeles disfrutando de la gloria....y te apuesto que hasta mi papá esta gozando de su presencia.
Descance en paz y para ti que siga siendo motivo de inspiración por siempre.
Un abrazote, Artevenus.
Gladys ha dicho que…
lindo y merecido homenaje a "Descreida" mi querida
Aurora ,DESCANSA EN PAZ"
Anónimo ha dicho que…
muy lindo tu mensaje, lindas las fotos, como dice la cancion,....recordar es vivir, cuando se ha amado.

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