EL CAPITÁN TONNY


Miro mi cuerpo desnudo en el espejo, el tiempo ha sido benevolente conmigo, no ha hecho muchos estragos en mi piel, tampoco han desaparecido las líneas que delimitan mi pequeña geografía, una grieta mediana emerge de la parte superior de mi vagina y termina casi en mi ombligo, haciéndome lucir un doble ombligo, al menos eso decía mi ex. Por ahí nació mi hija, a quien no pude parir de manera natural. Tardé algunos años en aceptar esa cicatriz en mi cuerpo, básicamente porque no quería que mi hija se constituyera también en una cicatriz, así que ahora exhibo la grieta que me acredita como madre por cesárea en las playas nudistas.

Miro las ancianas que me rodean (circunstancialmente estoy rodeada de ellas) y veo lo que el tiempo ha hecho en sus cuerpos, más que en sus cuerpos en su mente, en aquellas habilidades de las que una vez disfrutaron, este vehículo está condenado al deterioro, luce como una condena, similar a una prisión, no imagino como debe ser estar atrapado en un cuerpo que ya no puede hacer mucho por nuestra experiencia humana, por ese “nosotros” que creemos que somos. Cuando comprendo eso siento el vacío de la inutilidad de la estética y un temor de proporciones enormes por la vejez se apodera de mí. La vejez luce como una condena, la muerte ante la vejez luce como una liberación. Luchamos tanto para llegar al mismo lugar al que todos estamos destinados/condenados a llegar, a veces me parece tan absurda la existencia venimos para morir y en el intermedio sufrimos porque las cosas no se dan como cada uno espera, si, padecemos de una locura, de una disfunción colectiva llamada “egoísmo natural”.

¿Quien soy entonces? ¿Soy acaso la reunión de ocupaciones con las que me gano la vida? ¿Porqué esa neurosis de todo el mundo por llegar a ser “alguien” por el éxito, por ocupar posiciones sociales y económicas empinadas? Todo parece conducir al mismo sitio, la búsqueda incesante de amor, de aprobación. ¿Qué soy entonces? ¿Lo invisible en mi? Y de ser así ¿Porque entonces luce más importante aquello que es visible? ¿Quien soy? ¿La que piensa? ¿La que escribe, la que siente, la que observa, la que escucha, la que habla, la que imagina, la que imagino que soy, la que quiero ser, la que los demás ven?

Todos estos interrogantes surgieron después de ver al capitán Tonny, hombre de 85 años, quien me quiere ofrecer una suma de dinero para que le ayude a cuidar a su esposa (de 82).  Él ha perdido casi completamente la visión, tiene una extraña computadora para invidentes, con un teclado cuyas letras son enormes, y entre tanto me hace la propuesta, me cuenta de sus hijos, de su trabajo en la policía, de lo buena madre y esposa que ha sido su adorada Ruth “sweet Heart” como la llama él, tras sesenta años de matrimonio, mientras él habla de toda su situación lo miro a sus ojos que no consiguen enfocarme bien y pienso ¿Porqué hay que cobrar por hacer cosas como esta? Si ya lo sé, porque a la vez a mí me cobran por otras, cuando veo circunstancias como las de Tonny y Ruth es cuando el dinero se me antoja una condena, hay cosas que uno debería hacer sólo por humanidad, por que hay cosas que uno quiere hacer con todo su corazón, sin inmiscuir el dinero de por medio.

Hoy aprendí que la palabra pecado significa “no dar en el blanco”.






Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Siempre he sabido que tu escritura es un pasaporte a la indagación del alma humana, como lo dice kundera, pero hay veces en que logras un nivel de sencillez tan increiblemente inverosimil y exquisita, que uno se pregunta como un eco incesante: cuándo carajos vas a escribir esa novela tanto tiempo postergada?
Un beso, mi poeta.

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