DESNUDA
Ya ha pasado un año desde que mi matrimonio se murió,
ese episodio me hizo más consciente de lo perecedero que es todo, hasta las
cosas que pensamos que más van a durar, pero sobre todo me hizo ver claramente todo
lo que había postergado y que tenía una enorme lista de pendientes que había dejado
colgando de la débil cuerda de mi destino para cuando tuviera mejor economía,
tuviera tiempo libre, mis nietos crecieran y una larga lista de excusas de las
que nos llenamos para hacer de nuestra vida un mientras tanto.
Así que mi separación me motivó a tomar esa lista
de pendientes y empezar a actuar ya mismo, sobre todo aquellas que aplacé por
cuestiones económicas para seguir verificando que el dinero está disponible sólo
necesitamos maneras creativas de accederlo.
Siempre he sentido una poderosa atracción por los
disfraces, porque me parece que esa exploración de variantes físicas nos
acercan a personalidades ocultas y deseadas pero abortadas e inhibidas por el
que dirán, porque una de las creencias que primero adoptamos es el temor al que
dirán los demás y que pone en riesgo la aprobación social que siempre será
nuestro peor verdugo pero también nuestro dios pagano.
Liberé a estas personalidades y las dejé ser
ellas mismas por una noche con la complicidad de la Noche de la Poesía Erótica,
me puse en los zapatos de muchas mujeres que han sido de alguna manera mis arquetipos
femeninos y que me han guiado por esta experiencia humana en este cuerpo
femenino. Cada una me dejó una lección, otras me permitieron verificar que la lección
ya estaba aprendida hace rato.
Me quedaba no obstante una mujer dentro de mí por
visitar, la mujer desnuda y que comparte su desnudez con el público, la que echa su suerte a rodar en manos de la
aprobación o la desaprobación social, porque la desnudez sigue siendo presa de
una condicionalidad muy particular. Si da ganancias monetarias puede ser artística,
si no lo hace o si está al servicio de la lúdica masculina puede ser pornográfica,
amoral y muy reprochable.
No conseguí cifras de dinero por fotografiarme
desnuda, seguro que muchos se burlaron de mí, pero como eso no me importa, no
me hice correspondiente con saberlo, lo único que conseguí fue capturar muchas visitas
en mi perfil de Instagram y el mayor número de “me gusta” en foto alguna y
verificar que las mujeres que no tenemos cuerpos socialmente deseables y bellos
también nos podemos desnudar ante las cámaras, pero lo más importante que me
pasó es que experimenté el vértigo de la desnudez, que es el mismo que se
siente mediante la sinceridad y el atrevimiento de ser uno mismo, sin
maquillaje, sin ropa que disimule los defectos, aunque sea por los escasos 30
segundos mientras la cámara hace click.
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