VUELA MUJER VUELA

Nací con un cuaderno bajo el brazo y un lápiz detrás de la oreja, a falta del pan que se supone que todos traemos debajo del brazo, y quizá por eso me ha tocado elegir entre trabajar muy duro para ganarme el pan o comer papel. Y gracias a mi pasión por la lectura supe prematuramente muchas cosas acerca de la libertad. También descubrí más temprano que el resto de mis amigas que la virginidad no se perdía por montar en bicicleta ni a caballo, como decía el mito popular. Mis métodos siempre han sido extremos e investigar acerca del mito de la virginidad fue simple: Anuncié un día durante la comida que acababa de perder la virginidad, y después de que una de las tías consiguió componerse de un acceso de tos que le dio por la noticia, le aseguré que había sido con una bicicleta solamente, y continué diciendo “¿no pensaras que le habré abierto las piernas a algún hombre?” Y un silencio que me lo confirmó todo tuvo lugar en aquella mesa de comedor. Eran mis primitivos métodos, pero funcionaban.

Creo que mi mayor “error” no ha sido tanto tener claro lo que quiero, sino tenerlo claro en el momento “equivocado” y desafiar los tiempos y los esquemas socialmente establecidos, por ejemplo me hice mujer en la época en que la mujer estaba atrapada en ese limbo entre la liberación femenina y la liberación sexual, es decir cuando las mujeres querían ir a la Universidad, prepararse para ser productivas y después casarse para ayudar económicamente y demostrar que podían ser madres bellas, perfectamente maquilladas, trabajar y además estar sexualmente disponibles para su esposo en las noches ¡que odisea! Pero a pesar de que ese era el concepto de liberación femenina que se manejaba, la virginidad seguía vigente y muchos aspirantes a esposos conservaban la ilusión de encontrar ese preciado tesoro en una mujer liberada, mejor dicho querían el banquete completo con postre incluído.

Por supuesto que traté de querer esas mismas cosas para mí, pero me sentí particularmente decepcionada de mi misma cuando mi cuerpo no respondía a estos modelos y mis hormonas gritaban por compañía sexual a muy temprana edad y con más frecuencia de lo que era “correcto” para una mujer de “buenos principios”. Fue cuando se me perdió un eslabón, ya que la liberación femenina parecía estar destinada sólo al aspecto laboral porque la libertad sexual seguía siendo un mito y las relaciones extramaritales eran algo que simplemente ocurrían con la complicidad del anonimato, algo así como una batalla que aún no se ganaba, con lo cual el pasaporte para la libertad sexual seguía siendo el matrimonio, a menos que uno quisiera enemistarse con la familia y con la religión al mismo tiempo.

Así fue como me enfoqué más en lo que mi cuerpo me pedía que en lo que la razón y los adultos cargados de experiencia me recomendaban. Y no me arrepiento, el cuerpo vivo en la segunda década de nuestras vidas, estrenando sensaciones, vibrando hasta con el sonido ficticio de una voz al oído y sintiendo el cuerpo temblar al compás de la más leve caricia, es un recurso no renovable que se gasta con los años.

Y estoy hablando de todo esto porque sigo confusa con el tema de la liberación femenina, porque seguimos caminando por el sendero que otras ya han andado y siguiendo las directrices de las que no se han “equivocado” evitando aventurarnos por nuevas rutas y evitando tropezar. Hemos perdido la búsqueda de nuestra verdadera libertad, que es individual porque de la misma manera que para unas la libertad es trabajar y estar más tiempo fuera de casa, para otras en cambio lo es quedarse en casa cuidando a sus hijos y ser libres de educarlos a su particular manera, así como para unas su libertad es decidir en que área de la casa hacen el amor con su pareja, para otras es decidir con cual de sus pretendientes quieren hacer el amor el fin de semana, así como para unas la libertad es no ser madres por elección, para otras lo es parir la mayor cantidad de hijos que la economía familiar les permita, así como para unas libertad es amar a otra mujer para otras libertad es amar a varios hombres al mismo tiempo, así como para unas libertad es ser bisexuales para otras es casarse con un arquetipo masculino sagrado y dar votos de castidad. Y quien puede determinar cual de estas libertades es buena o no, acaso no es libertad simplemente el hecho de poder ser mujer al estilo particular que cada una quiera, no obstante que difícil es dejar ser a las mujeres ellas mismas cuando se salen del molde conceptual en que un grupo de pioneras expertas en liberación femenina determinaron que debíamos volar en libertad. La libertad es ser libres para querer serlo.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Hhhhmmm... Me gustó este texto hoy dia. Desde Lima y Bogota: Vilma.

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