EL HIJO BASTARDO DE LAS ARTES.

Hace poco hablaba con un hombre sobre mi monólogo, el había escuchado hablar de él y quería saber más acerca de mí, me preguntó donde lo estaba presentando y animada le entregué la dirección y lo invité a que fuera a verlo, me respondió que cuando lo presentara en un teatro que valiera la pena le avisara, le pregunté cuales eran según él los teatros que valen la pena, porque no entendía muy bien el contexto de su frase y me dijo que un teatro más grande, le pregunté si planeaba llevar demasiada gente y él pensaba que no cabrían en los teatros en los que me presento en este momento. En ese punto él captó que estaba siendo irónica con mi argumentación a lo que me dijo que es que los teatros grandes quedaban en su zona, por poco le pregunto si no tenía auto para conducir hasta los teatros que no quedan en su zona, pero comprendí que sólo había sido un esfuerzo inútil por lucir elegante conmigo porque lo que en realidad él quería decir es que él piensa que la calidad de la obra es directamente proporcional al tamaño del teatro.

Lo cual me llevó a pensar que el teatro es el hijo bastardo de las artes. La verdad es que el teatro no disfruta de mucha simpatía social, una gran mayoría como escuché decir en una obra de teatro misma, acuden por lucir cultos, porque es la oportunidad de codearse con artistas, algunos de la televisión, y es muy curioso que uno escucha comúnmente a la gente expresarse mal de las telenovelas, que si es una pérdida de tiempo sentarse a verlas, que hay cosas más productivas que hacer, que las telenovelas son para "determinado" público y ese “determinado” siempre va en tono peyorativo etc. Pero por otro lado sólo tienen que ver una actriz de alguna telenovela aunque no sea la protagonista y todos quieren estar cerca de ella y todos queremos posar en fotos con ella. Con lo cual concluyo que muchos piensan que ver telenovelas también desmejora la imagen social que proyectamos, así que es algo que muchos hacen a escondidas, de otra forma no se explica como conocen el reparto.

Pero en todo esto juega un papel importante la imagen externa por la que siempre vivimos batallando por proyectar bien, somos de alguna forma esclavos de lucir bien, de lucir cultos, inteligentes, inmersos en un buen círculo social, nos pegamos de quien nos represente bien en el escenario social, aunque esa imagen no sea para nada consecuente con lo que en realidad somos, o con nuestros intereses reales. Y el teatro es víctima de esta alucinación colectiva con la imagen, como todo hijo bastardo adquiere meritos ante su madre y ante la familia cuando adquiere fortuna o iconos de fortuna, que es lo que pasa de alguna forma con el teatro comercial, ese mismo hijo bastardo queda condenado al anonimato cuando no hay fortuna ni iconos de fortuna, como ocurre con el teatro que no es comercial. Siempre que estoy viendo una obra en un teatro pequeño pienso en lo que se están perdiendo los que no acuden al teatro porque tienen una imagen distorsionada de lo que el teatro es en realidad.


Pero me quedé pensando en que seguimos siendo una sociedad para quien lo importante no es ser, sino aparentar, que somos capaces de invertir mucho más dinero y energía en aparentar lo que no somos ni seremos nunca, que en ser lo que podemos ser si quisiéramos. Me pregunto cuanto potencial de nosotros se queda atrapado en ese esfuerzo estéril por lucir bien para un público al que entre otras cosas poco le importa, porque los que nos ven proyectando una buena imagen captan ese mensaje por segundos, después de eso ellos también regresan a su frenético mundo de apariencias a luchar por mejorar cada vez más su imagen, en ese sentido parecemos una sociedad de narcisistas donde el otro tiene la obligación de proyectar la imagen de lo que supuestamente soy, de no hacerlo, es mejor romper el espejo porque tiene que haber algo malo con él, no con nosotros.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
A nivel general el mundo del arte no se escapa de las subclasificaciones sociales a las que los seres humanos estamos acostumbrados, es decir, uno pensaría que el espacio del arte es pura expresión del alma y pura limpieza de ella....no obstante hay un grupo, como en todas las profesiones, encargado de decidir que esta bien y que no, y que es importante y que no.
Algo asi como una especie de rosca que determina quien ingresa al "mundo del arte"......en fin muchos olvidan que todo ello emana del alam y que el alma no tien un lugar especifico donde ser vista o sentida, ella solo se expresa y ya.
Un abrazo, el fotografo

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