TRANSACCIÓN AFECTIVA.

Me parece más peligroso el temor de la gente buena que la crueldad de la gente mala, porque la gente mala actúa sin pensar mucho, mientras que la gente buena alberga toda suerte de temores mientras piensa, y el temor es el combustible de la violencia en todas sus gamas, la gente buena con miedo administra muy bien sus lazos afectivos porque son más una inversión que temen que sea perecedera, en vez de afectos duraderos.


El temor de la gente buena los torna en extremo egoístas, porque su miedo los hace sentir separados de la fuente, temerosos del futuro, sólo creen en lo que pueden producir con su trabajo o con el de alguien más, por eso invierten su afecto en aquellos que también son productivos, porque si algo fallara, esa inversión podría dar buenos dividendos en el futuro.

La maternidad es con frecuencia uno de estos temibles ejemplos donde el amor es con frecuencia transaccional, si hay varios hijos, serán más beneficiados afectivamente los más productivos, valdrá la pena invertir una sobredosis de afecto en ellos, porque serán los que mejor economía tendrán, por lo tanto los que se podrán hacer cargo de la inversionista cuando ya no esté en edad de producir más. Sólo que lamentablemente termina siendo una mala inversión, porque quienes generalmente se harán cargo de la inversionista serán los hijos menos productivos, porque son los que han aprendido a vivir con menos, a depender menos del mundo material y han confiado más en su capacidad para la supervivencia material y emocional, por lo tanto serán los que tendrán tiempo y disposición para estar con los padres en la vejez, para leerles un libro y para sobrevivir con ellos aún en las peores adversidades. El afecto que se entregó como puntual cuota mensual para la hora de retiro, desaparece con frecuencia del banco emocional de los implicados y lo que es peor nunca ganó intereses, por lo que la inversión fue completamente estéril.

Es por eso que el amor es un intangible que tenemos que proteger del banquero más ambicioso del mundo: el temor. Saber entregar amor incondicionalmente es mucho más difícil que usarlo como una inversión, pero es más rentable a largo plazo.

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