EL ÁRBOL GENEALÓGICO.


Siempre he querido  que las familias numerosas de las que desciendo sean unidas, he invertido buena parte de mi energía en ello, sin éxito alguno. Ni la familia de mi padre, ni la de mi madre han gozado de sentido de pertenencia familiar, ni han mostrado interés por integrarse como la familia que son.

De la familia de mi padre lo entendí en algún tiempo, no había mucho que decir de mi padre en mi presencia, él era la oveja negra de la familia, y yo seguramente tenía algo en común con él, me imaginaba que las tías me querían proteger de los comentarios que sobre él se hacían, aunque ahora pienso que era más el interés por protegerse a si mismas.

Este fin de semana junté extremos de familia paterna que no se conocían físicamente, la hija del primo hermano, de un tío del papá de mi prima, o algún entramado así de complejo. El caso es que hace un tiempo descubrí a una nueva prima quien pensé que vendría a ayudarnos a esclarecer un secreto familiar largamente guardado, lo cual me llenó de reverencia por la vida, porque uno ve como la toma de decisiones de la gente le abre nuevos caminos; y esos caminos por más que se alejan de aquello de lo que quieren huir, terminan cerrándose hasta encontrarse de frente con aquello de lo que han estado huyendo toda la vida, con lo que pensé  que la vida es una universidad, podemos abandonar el salón de clases (escenarios familiares) y cambiar de profesores (relaciones y parientes) pero no podemos dejar de aprender la lección porque esa nos persigue a donde sea que vayamos.

La hermana menor de mi padre, desapareció de la familia después de que su madre muriera y la dejara todavía una bebé, los hechos que rodearon esa desaparición siguen siendo un misterio aún ahora más de 60 años después. Todos hemos manejado versiones diferentes de esa desaparición, posiblemente la única manera de saber la verdad es confrontando todas las versiones con la que ella tiene de la historia. Aunque siempre se supo donde estaba, nadie hizo nada por recuperarla, lo cual hace más grande el misterio, ahora, con todos los medios de comunicación a la orden del día, estamos más cerca de ella que nunca, pero ella no quiere saber nada de nosotros. A mí me acude algo que no sé describir, que posiblemente sea curiosidad, o la incertidumbre de no saber que lo que ocurrió está guardado dentro de un corazón adolorido que guarda cierto rencor por algo que en apariencia nadie sabe en realidad como pasó.

La conocí en fotos y reconocí mis genes en ella, me llenó de alegría saber que alguien que comparte mi ADN estaba en el mundo de incógnito porque yo no lo sabía, y me pregunté cuanta familia más tendré en algún lugar con una historia similar y de la cual yo ignoro todas las partes, mi ex siempre decía que si hacíamos un árbol genealógico, al final de cuentas toda la humanidad terminaba siendo de la misma familia.

Estamos haciendo el árbol genealógico de la familia, algo muy complejo porque son muchos, descubrí haciendo el árbol que en mis antepasados se casaron muchos primos hermanos, y lamenté no haber seguido la tradición cuando siendo una adolescente los hombres más guapos de los que me enamoré secretamente eran mis primos.

Estoy siguiendo de cerca a mi tía sorpresa, y pensando que ella esta aún en esta universidad, que ha abandonado el salón de clases, y a los profesores, pero que la lección más grande que le fue encomendada, que oscila entre el perdón y la comprensión, aún pide a gritos ser asimilada. Quizá algún día la pueda abrazar y decirle que es verdad aquello de que la sangre jala.


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