HAY QUE DESTRUIR EL TEATRO.


“Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro” Federico García Lorca

Nunca me imaginé que al entrar en aquella sala donde me esperaba un hombre desnudo en medio de una densa capa de niebla rodeado de dos mujeres que danzaban con sus manos más que con su cuerpo, fuera a quedar atrapada por aquella magia donde el deleite visual, auditivo y sensorial me capturaron por completo. Del fondo de la sala, como si ésta fuera un útero cósmico que paría seres humanos hermosos, emergieron dos mujeres desnudas cubiertas con un largo velo que sugería apenas su desnudez, leyendo unos manuscritos que no eran comprensibles porque las dos leían al mismo tiempo, pero que no hacía falta entender porque todo era visual y auditivamente tan perfecto que la sensibilidad le robó espacio a la razón.

Pasaron muchas imágenes más que se perdieron en esa parte de mí que sólo siente y que no almacena información, antes de que emergiera la voz prodigiosa de Ángel Lucena cantando una canción que una mujer vestida de española bailaba en lo alto de una tarima, secuestrando mis sentidos que para entonces estaban en alguna parte de aquella sala.

Algunos personajes evocaron a la " Elena " la muerte, y ella emergió como todos la imaginamos, poderosa, dueña absoluta de todo, bella pero temeraria, estaba desnuda, medio cubierta solo con una capa negra de velo grabado, con un cuello pronunciado y exhibiendo una estructura ósea perfecta que sólo puede tener quien posee a tantos y no se queda con nadie en especial. Aquellos cuerpos masculinos jóvenes y bellos suplicaron por misericordia y ella con esa carcajada burlona que estremeció la sala, sólo repitió la palabra “misericordia” dejando un eco de mil voces, como si no necesitara más que esa palabra para llevarse a los de turno.

Un romance de dos efebos con todo el dolor del amor imposible y amenazado, quienes con una sensualidad perfectamente manejada reivindicaron el amor de los iguales y desnudaron el corazón sensible del macho tan detractado en nuestra sociedad porque se le atribuye una inexistente dureza. Y un crucificado perfecto donde la belleza era tan contundente que ni la sangre de su llagas asustaba, la caída de la cruz se hizo con la complicidad de una virgen que abrió sus brazos para recibirlo en su sábana blanca, iluminada por una luz roja que hizo de aquella imagen una segunda crucifixión de espaldas, mientras la del cristo se perdía en las profundidades de ese escenario que parecía haber pactado con los dioses para procrear tanta belleza escénica.

Imagen de Miguel Pascual


Todo esto y mucho más, que no diré por avaricia, formó parte de un espectáculo que no he podido apartar de mi memoria y que vi el domingo en el Teatro Havanafama. “El Público” la obra de Federico García Lorca que pocas veces ha sido llevada al escenario, tomó forma a manos de Juan Roca y un elenco de primera categoría, quienes recrearon para nuestro deleite escenas nunca vistas por mis ojos.

La obra que es estrictamente para adultos porque contiene muchas escenas  con los actores desnudos, goza de una riqueza visual exquisita, pues algunos sólo estaban vestidos con un maquillaje extraordinario, mientras que otros se movían entre la escasez y la abundancia de ropas, todo bajo la creatividad y el buen gusto que caracteriza al destacado Ángel Lucena quien estuvo a cargo del vestuario. La música a cargo de Julie de Grandy nos llevó de la mano por esta aventura Kinestésica a la que el espectador no se puede resistir.

Los actores que se metían entre el público eventualmente, consiguieron que me sintiera parte de la obra, cual personaje extasiado con tanta belleza y paralizado por el tiempo, ese cómplice de la noche que nos mantuvo en varias épocas y en una misma a la vez. Tuve la sensación que estaba siendo premiada con un espectáculo del circo del sol, sólo para mis ojos, pues la magia derrochada en este espectáculo es comparable con la que se exhibe en el prestigioso Circo.

Sólo lamento que la función del domingo haya sido la última, porque “El Público” es un espectáculo para ver, no una, ni dos veces, sino cada vez que uno quiera sentirse preso de una sensualidad exquisita y avasalladora donde todos los sentidos participan sin haber sido tocados por mano alguna


Imagen de Miguel Pascual

Comentarios

Ada Bezos Castilla ha dicho que…
Magistral resumen Luz Dary, digno del espectáculo que presenciamos y que nos dejó entre atónitas y llenas de deleite ... y que tú has podido describir a la perfección.

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