EL LIBRO DE VISITAS.

“Todo es nuestro en la medida en que nada nos pertenece” Gonzalo Arango

Es increíble como nuestras posesiones llegan a convertirse en una extensión de nosotros mismos, muchos creen que son sus automóviles lujosos, sus casas con piscina, sus accesorios de marca etc. Un joven me decía la otra vez que nunca se siente tan seguro de sí mismo como cuando conduce el convertible de su tío.

Desde hace casi dos años la vida me ha puesto en situaciones en las que he tenido que vender o regalar las que fueran las posesiones de alguien más y que fueron el producto de la fuerza laboral de alguien.

Primero fue con la casa de mi madre, desaparecer una casa de tres habitaciones, me tomó dos meses, la suerte que tenemos en Colombia es que allá todo es potencialmente reutilizable, y sobre todo la gente compra de segunda mano, a muy buen precio. Por lo que no formé parte de la población que incrementa las basuras en el mundo. Pero si vi salir de aquella casa artículos que fueron sagrados para mi madre, muchos de ellos causantes de que ella se privara de vacacionar, cuando no había quien cuidara de su casa por temor a ser robada. Muchos de ellos también objetos largamente deseados y conseguidos después de ajustar su tarifa mediante un fondo de ahorros. 

Todo aquello desapareció en cuestión de semanas, luego de haber tardado años en ser adquirido, y a mí se me hacía un hueco en la boca del estómago cada que alguien venía por algún mueble, no por mí, porque yo no deseaba quedarme con nada, sino por ella, porque era inevitable imaginar su rostro si se le hubieran llevado sus cosas de un momento a otro.

Cuando llegué de desocupar la casa de mi madre, desocupé la mía, la que ocupara con mi ex esposo durante muchos años, como mal presagio de un divorcio que ni en mis peores pesadillas se aventuró por mi mente, ahora sé que hay que saber muy bien cómo, cuando y porqué crear vacíos. Yo creé aquel vacío por razones muy diferentes a un divorcio, porque estaba cansada de tener cosas, porque quería simplificar mi vida y estar ligera de equipaje para viajar más, porque quería tener menos para saber y SER  más.

Nuestro rincon musical


Ahora estoy desocupando el espacio físico de mi ex esposo en mi vida, entregándole sus pertenencias, retirando las fotos de los dos de cada rincón de mi espacio. Y deshaciéndome de los recuerdos que no ayudan en el duelo. Me encontré con los dos bienes más preciados de mi matrimonio: las cartas que nos enviamos cuando nos conocimos y que tenían un destino tan certero y seguro como lo estuve alguna vez de que él sería el hombre junto al cual yo terminaría mi tránsito por este planeta. Estaban  destinadas a ser empastadas en una bella cubierta de color azul, y se convertirían en uno de los cinco libros que nunca se van de mi biblioteca para ser leídos cuando fuéramos unos viejos y estuviéramos rodeados de naturaleza mientras él volaba en las tardes sus aeromodelos. Mientras sostenía aquellas cartas en mis manos comprendí que hasta los sueños se arman de equipaje material y que ese sueño que había muerto en mi vida estaba encartado con esas cartas de las cuales era urgente desembarazarme.

La otra posesión sagrada es nuestro libro de visitas, un libro que siempre reposó en la mesa de centro de nuestra sala, donde nuestros visitantes solían dejarnos una nota con sus impresiones de la visita que nos acababan de hacer y cuyas notas guardan algo en común y es la admiración que sentían por nuestra relación de pareja. Un libro que no me pertenece solo a mí, ni a él, sino a todos los que entraron y salieron de nuestra vida mientras estuvimos juntos. Por eso es el único bien material que quiero conservar.

La muerte tiene muchos trajes, es implacable cuando de arrasar con todo se trata, nos obliga a deshacernos de lo que nos garantiza una ficticia seguridad, la muerte física se disfraza de divorcios, de etapas conclusas, de deseos de libertad material, de cambios, pero siempre esta ahí recordándonos que todo, absolutamente todo lo que pensamos que tenemos, en realidad nos tiene a nosotros y que dejar de vivir la vida por acumular y cuidar cosas, objetos y pertenencias es otra forma de estar muertos en vida.

El libro de visitas

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Muy interesante andar ligero de equipaje físico y emocional, supongo que a eso se llega después de soltar aquellos recuerdos que construyes año por año y día por día que compartes con alguien. Pero la verdad es muy dificil hacerlo, quizás sea muy certera la parte en la que dices "crear un vacío" debe tener un proposito certero o algo así. Llevo años tratando de liberarme de algunas cargas emocionales y no lo consigo, imagino que debo observar con atención el porceso que he llevado, sin embargo ahora he creado un vacío con el firme proposito de encontrarme con nuevos amigos y nuevos seres que enriquezcan mi vida, pero está dificil como digo, tanto liberarme de lo emocional como la llegada de esos nuevos seres que de seguro atesorare cuando sea el momento. A proposito mi Luz, tu estas molesta por algo conmigo? Lo pregunto porque te he tratado de hablar dos o tres veces por el skype y no logro ni que me respondas ni que dejes al menos un mensaje, eso me gustaría saberlo, por favor. El fotografo
Anónimo ha dicho que…
:( lo unico certero es que solo envejecemos con nosotros mismos.
durante 10 hermosos anos crei esa idea romantica ...de la mano de la persona que amaba recordando todas las etapas vividas y las pruebas superadas, hoy me doy cuenta que no es asi, que quizas no sea asi con la persona que ahora tengo a mi lado, que lo unico cierto que tengo soy yo, y que incluso eso es difuso...:(

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