CUANDO NO HEMOS COMIDO PERDICES TAMBIEN HEMOS SIDO FELICES

Mi esposo y yo celebramos hoy nueve años de casados, este es nuestro tiempo record en una relación, los dos hemos estado casados antes, por no más de siete años.

Mi boda fue maravillosa (bueno todas las bodas lo son) y como casi todo lo mío, fue atípica, pues me casé con él la segunda vez que lo veía físicamente, porque somos una pareja que parió la Internet, cuando pregonero.com unía corazones en un muro que a la mira de hoy luciría rudimentario. El buscaba una colombiana que amara los gatos, y yo buscaba un alma a quien amar, porque a esas alturas me importaba poco el empaque en que viniera esa alma (confieso que antes me importaba más) pero mi objetivo principal de pareja era alguien que me ayudara a evolucionar, a crecer como ser humano y que respetara mi atípica normatividad de vida. Así que por Internet fue más fácil detectar todas estas características sin la intervención de la atracción física, cegando mi vista con salidas a cenar, regalos, tocatas y fugas a media noche.

Mi suegra se encargó de la boda, hubo un momento en que pensé que ella estaba más interesada en mi boda que yo misma, pero en aquel entonces yo era una inmigrante acabada de llegar con una visa de “alien fiance” con menos de un mes de llegada al país donde todo me quedaba grande desde la ropa hasta el auto que pretendía conducir. Así que me entregué a las manos y al enstusiasmo de mi suegra, quien no sólo organizó cada detalle de la fiesta sino que hasta eligió mi vestido de bodas, creo que soy la única novia que le ha delegado esa labor a alguien más. La fiesta tuvo más decorado espiritual que material, el color del vestido fue causualmente seleccionado de acuerdo al tipo de ceremonia que yo quería, las copas del brindis de colores inusuales y fosforecentes me habían sido regaladas por una amiga en Noruega como presagio de que había un hombre en el mundo esperando por mi, para brindar con ellas en la boda. Además de la ceremonia civil tuvimos la del fuego y una ceremonia yogui que lideró “Swami Lalitananda”, cada detalle de la boda estaba concebido con más simbolismo que buen gusto desde el punto de vista estético. Mi suegra fue un ángel para mi, porque aquel día de la boda ni siquiera me dejó tocar un plato, me envió a la playa a caminar y a disfrutarla, a mi regreso había preparado un baño de inmersión con aceites y flores donde me sumergí, mientras ella diseñaba la corona de flores naturales que llevaría en mi cabello, no quise llevar maquillaje más que el de los labios y la sencillez fue la premisa porque mi mayor adorno era la felicidad de la que me sentía engalanada. Lo único que yo hice fue escribir mis votos, que impresionaron a los invitados, quienes querían tener una copia de ellos.
Con mi suegra a mi derecha y mi tia Angela quien ofició la ceremonia civil a mi izquierda

Todo salió como lo habíamos previsto y no digo sólo ese día, sino estos nueve años, no voy a presumir que somos la pareja perfecta, porque no lo somos, pero como lo que le pedí a la vida fue un alma que me ayudara a crecer, pues esta alma me ha representado retos grandes, de esos por los que mucha gente se divorcia, y que nosotros decidimos asumir como pruebas de fuego con las que fortaleceríamos nuestro lazo.

Siempre he pensado que cuando la necesidad entra por la puerta y el amor sale por la ventana, siquiera se marchó ese impostor, porque obviamente no era amor. Con mi esposo lo he verificado porque lo hemos vivido todo: placer, seguridad, dolor, cansancio, hambre, felicidad, risas, enojo, furia, soledad, alegría, desolación, abandono, protección, seguridad, cuidados, miedo, pero sobre todo amor, mucho amor, cuando la vida no nos sonríe, él me ha enseñado a sonreírle a la vida, cuando la vida nos ha dado la espalda juntos nos paramos en frente de ella, cuando la vida nos ha lanzado al piso, nos hemos levantado y la hemos seguido amando.

La fortaleza espiritual y emocional de la que cada día gozo más, la he forjado más en los últimos nueve años al lado de mi adorado esposo. Creo que cargar mi anillo de bodas en la mano derecha como símbolo de una asociación espiritual además de física, ha sido muy acertado porque hemos conseguido vivir más agarrados de nuestro espíritu de pareja, sin que las condiciones materiales consigan sacarnos de nuestro centro. Él es para mi el mejor compañero que hubiera podido elegir jamás, es el alma que andaba buscando. Mi deseo ferviente es quedarme a su lado aprendiendo hasta que desencarnemos, pero no sé los planes que tengan nuestras almas, esos que se van desarrollando en la medida que el tiempo pasa y las pruebas se van superando, es por eso que me apego a mis votos iniciales: Por el día de hoy me comprometo a elegir amarte.

VOTOS (octubre 20 2001)

Este compromiso ha sido en primer lugar conmigo misma, desde que decidí comprometerme a elegir a Carlos cada día de nuestra vida juntos, ahora que ha llegado el momento de darte mis votos de amor bajo los cuales albergaremos nuestra unión, te ofrezco la fuerza de mi amor sin que te haga sentir comprometido a cambiar cosas que no quieres cambiar, ya que mi amor no es abortivo, sino la más clara invitación a la vida. Me comprometo a ver trascurrir tu ciclo kármico sin intervenirlo, y sin hacer nada por modificarlo. Me comprometo a dejarte ver que los cambios en uno deben partir de un alma evolucionada y fuerte, comprometida con su propio destino ante nada. Me comprometo a mostrarte el proceso de siembra y cosecha cósmico a través de la fertilizaci6n de los actos que elegimos cada día. Me comprometo a elegir lo mejor de mis actos para compartirlos contigo, a elegir el mejor lenguaje para dirigirme a ti, a respetar tus elecciones y a propiciarme a mi misma la felicidad cuando tus actos no estén encaminados a brindármela. Me comprometo a reconocer en tus actos indeseados por mi, una equivocación propia de todo ser humano y no una intención hostil por dañarme. Me comprometo a elegir la compasión ante tus errores antes que el juicio y la condena. Me comprometo a asumir la responsabilidad exclusiva sobre mis actos, consciente que la responsabilidad de los tuyos te es propia. Me comprometo a ser tu amiga, aunque a veces me veas como a tu enemiga sólo porque no comparto actos que van en declive de nuestra unión, no compartirlos no significa que no los respete.

Finalmente no puedo comprometerme a brindarte mi amor incondicional, porque sigo siendo humana, pero si a trabajar sobre esa base y a leer estos votos cuando la oscuridad y la falta de fe amenace con asaltarme. Por el día de hoy me comprometo a elegir amarte.

"La seguridad no procede de tener las cosas bien sujetas. La seguridad la da el saber que uno siempre tiene un lugar en el movimiento y en el cambio".
Las copas del presagio

Comentarios

juan ha dicho que…
Felicitaciones para ti y Mr. Madrigal...Mi record es 6 años
Anónimo ha dicho que…
Brindemos por ese amor incondicional. Gracias por compartir esa viviencia a través de tus escritos y por ser ejemplo hasta ahora en esa relación pues no es fácil superar las dificultades que se presentan y aprender a aceptar al otro "tal como es" y no como quisiéramos que fuera. Ese es un proceso individual que cada cual vive a su manera. Que Dios los bendiga y les siga dando mucha tolerancia, la clave principal en una relación. Abrazos fraternales. Los quiero mucho, Mirta
Anónimo ha dicho que…
Carlos y Luz felicidades, es bello darse cuenta que cuando las cosas se hacen bien hechas el resultado es muy bueno.
Un inmenso abrazo en su dia.
EL FOTOGRAFO
Carlos Dario Madrigal ha dicho que…
Feliz aniversario mujercita y gracias por tan bello post y por todos esos momentos tan especiales que has compartido conmigo.
Gracias....muaaaa
Anónimo ha dicho que…
Hola Lulu & Carlos D,
Muchas felicidades, la union de ustedes es ejemplar. El amor que se profesan en la cotidianidad de la vida en pareja lo irradian, se percibe. Que permanezcan unidos por y para siempre. Quede curiosa con tu comentario que haces con respecto a que "no son la pareja perfecta"....me pregunto....Que connota la perfeccion o imperfeccion en las parejas como ustedes?....Curiosidad...curiosidad.
Un abrazo,
Clemencia Huertas

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