¿CUAL LIBERACIÓN FEMENINA?

Desde que empezó esta situación que estoy viviendo en el gimnasio cada día busco hablar con mujeres que he visto siempre allí, pero con las que nunca antes lo había hecho. Básicamente para comprobar si ellas tienen el mismo sinsabor que yo acerca del gimnasio, las respuestas siempre son las mismas en español: "odio este gimnasio" en ingles: "I hate this gym" cuando les pregunté porque siguen allí, algunas dicen que por el contrato, pero hay unas que aunque se venza el contrato ¡lo reanudan! Cuando les pido que firmen mis cartas de denuncia me miran como si eso sólo estuviera al alcance de unos pocos y obviamente ellas no están en ese grupo de población, ni siquiera responden simplemente lo comunican con una expresión corporal de cansancio y resignación que habla por si misma. Es increíble que en un lugar donde hay tantas mujeres (el gimnasio es femenino) la única que esté haciendo algo por acabar con los abusos sea yo, y que nadie más se quiera unir a mi.

Me quedé pensando que no sucede mucho con otras áreas de la vida de un promedio lamentablemente significativo de la población femenina. Muchas invierten su tiempo social hablando mal de sus esposos, y lloriqueando por la vida matrimonial tan infeliz que llevan, pero no obstante no tienen el valor de acabar con sus matrimonios, sucede lo mismo con su empleos, con sus hijos, con los hermanos, con las madres, es como si de alguna manera formara parte de nuestra cultura femenina el tener que soportar estoicamente algún tipo de abuso, de dolor, o de sufrimiento, como si solamente izando la bandera del dolor, fuéramos reconocidas como mujeres. A veces me pregunto si esa es la fortaleza femenina de la que tanto nos ufanamos, que no es ninguna fortaleza sino la más sublime expresión de debilidad. También a veces percibo un trasfondo de satisfacción en sus quejas por la misión cumplida de mujer mártir.



Esta semana recibí una carta de una de mis lectoras, que me permito trascribir porque me impactó.

"Tengo un supuesto novio pero en vez de sentirme bien, lo que hago es dejarme descomponer de el, por que como es mucho más joven que yo se cree que tiene el derecho de sacármelo en cara cada rato, que estoy vieja según el, las diferencias son muchas pero aun sigo APEGADA a él, HOY GRACIAS A TI, pensé que he hecho? : ser y sentirme una victima, la más pesimista de todas pensando que no voy a tener un hombre a mi lado que me quiera, me valore, y no, ya no más, listo como dicen cada día trae su afán, con llorar y pensar no voy a conseguir nada solo hacerme daño a misma. Espero salir pronto de esta adicción en la que estoy al menos ya di el primer paso, lo reconocí, todo es cuestión de esperar y no desesperar, todo llega en su momento, ya decidí también que no tengo porque estar al lado de un hombre que lo único que me proporciona son unos pocos ratos de placer, pero me los cobra con desplantes, con comentarios bajos y déspotas, si te cuento todo lo que me he dejado maltratar sicológicamente, no me lo creerías y me ahorcarías por tonta, pero hasta hoy fue eso, me voy a tranquilizar que se va hacer no me puedo desesperar por tener a alguien a mi lado, si llega muy rico sino pues bueno tocara aprender a vivir sin el amor de un hombre, que me voy a sentir sola? me imagino que si

Sabes que leí de tu blog y me encantó y me alentó también mucho? cuando tu esposo Carlos Darío, se quedó sin empleo un tiempo, que tipo tan berraco es de envidiar. lo no conozco pero dile que lo admiro.

Ya no te molesto más, de todos mis enredos, lo único bueno fue que gracias a ti, a lo que escribes me hiciste volver en mí, Dios se lo pague, por que hoy fue otro volver a vivir ya sin vendas ni ataduras sin hacerme más la víctima".

Lamentablemente el porcentaje de mujeres que deciden tomar acción cuando están inmersas en un episodio de abuso bien sea de pareja, laboral o familiar sigue siendo inferior, prácticamente nos hemos acostumbrado a cargar el duro fardo de ser mujer y de adaptarnos al esquema social de la abnegación femenina, sin importar que tan modernas creamos que somos, y que tan grande sea nuestro poder adquisitivo.

La liberación femenina es sólo un sofisma de distracción que hemos comprado pero en la que no nos aventuramos con conciencia para desenmascarar los rostros de la esclavitud y de la sumisión femenina. Elegir el hombre y la cama donde nos acostamos con un amante no es libertad, si en ese mismo lecho y ese mismo hombre nos abusa y no somos capaces de percibirlo, o si percibiéndolo no somos capaces de decir ¡Basta! De cortar los lazos simbólicos con los que nos someten y salir al rescate de nuestra alma salvaje femenina.

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