LOS MANDAMIENTOS DE LA MUJER DESNUDA

La semana anterior en una de mis acostumbradas caminatas por la playa me encontré con una mujer de unos sesenta y cinco años, estaba enfundada en un traje de baño negro de una sola pieza, como el lugar es una extensión grande de playas privadas, los caminantes somos bien escasos, nos conocemos casi todos y la playa luce mas bien solitaria sobre todo en el verano. Además de ella estaban dos hombres de mantenimiento de la ciudad limpiando la playa. A unos pocos metros de donde ella estaba, suelo pararme y hacer mis ejercicios de estiramiento, ella avanzó hasta donde yo estaba y donde al mismo tiempo estaban los dos hombres de mantenimiento, de repente tenía más compañía de lo habitual. Lo siguiente que pasó es que la mujer se ubicó en la orilla del mar de frente a nosotros y se quitó su vestido de baño con una naturalidad asombrosa exhibiendo su gastado cuerpo sin pudor alguno. Después se sumergió en el mar hasta la mitad de su cuerpo dejando sus pechos al desnudo. Los hombres se perturbaron, sin saber exactamente que hacer, me miraron como buscando una respuesta mientras yo les sonreí y seguí inmersa en mis estiramientos. Cuando salió empezó a quitarse con sus manos el agua de su cuerpo pero seguía desnuda en la orilla del mar, sin la menor intención de cubrirse. Lo que me puso nerviosa fue darme cuenta que estábamos frente a la casa de un hombre que siempre está llamando a la policía cuando la gente se hace frente a su trozo de playa privada, en efecto no se hizo esperar y el hombre salió refunfuñando y nos pidió que nos retiráramos de allí, pese a que estábamos fuera de su zona limite y que no estábamos violando ninguna ley de propiedad privada. El hombre se tornó agresivo y nos amenazazó con llamar a la policía, algo a lo que ya estoy habituada cada vez que mi esposo vuela su aeromodelo y él sale a recitarnos la misma historia acerca de su propiedad privada. Siempre me maravilla la eficiencia con que la policía acude a velar por los intereses de un hombre que posee una porción de arena.

La mujer permaneció desnuda frente al hombre y con una calma asombrosa le dijo que era una verdadera lastima que su único amigo fuera un perro, ya que ese perro no podría cargar su pesado ataúd con toda la arena de su playa privada "¿porque supongo que usted cree que se podrá llevar su playa al mas allá verdad?". El hombre inquieto le pregunto a que se refería, y ella le dijo que lo conocía hace muchos años y que nunca lo había visto en más compañía que la de su perro, lo cual era comprensible si era tan egoísta que era incapaz de compartir su trozo de playa con alguien más. Terminó diciéndole que lo peor de todo no era que no tuviera amigos, sino que fuera tan pobre que lo único que tenía era ese trozo de playa, ya que la gente verdaderamente rica era la que tenía lo suficiente para compartir con los demás. Mientras recogía su traje de baño y se lo ponía parsimoniosamente le dijo: "a propósito, el resto de playa que usted puede ver, es mía, y de ellos (señalándonos) no tengo idea de cuanto mide, pero se que es mucho, buenos días señor" y se marchó, mientras nos dejó a los empleados de mantenimiento y a mí a merced del propietario del trozo de playa.



El hombre entró en su casa rascándose la cabeza como si alguna de estas ideas o todas juntas le generaran cierta comezón en su cuero cabelludo, me quedé fantaseando con que alguna de esas ideas haya penetrado mas allá de su cuero cabelludo y hayan hecho eco en él.

Además de que no me explico como es que nunca antes había visto a esta mujer, tampoco me explico la magia que hizo que ella exhibiera esa serenidad con que dijo tantas verdades en tan corto tiempo y como su cuerpo desnudo paso a segundo plano cuando ella exhibía esa cordura y esa manera de decir las cosas que no sonaba para nada agresivo y que no genero en este hombre de naturaleza violenta (por lo que he visto en el pasado) ninguna reacción.

La riqueza y la pobreza son dos extremos que se besan, los dos tienen en común un par de características: ambas piensan que no tienen suficiente para compartir con otros y ambas temen a que alguien más se apropie de lo que ya es suyo. A pesar de que pensamos que son dos extremos que viven en continentes diferentes, son idénticos, las dos al desnudo nos muestran que son un estado del ser más que una realidad como tal. Es tan pobre el que tiene, pero que conserva la sensación de que no tiene lo suficiente, como aquel que teniendo poco se regocija más en sus carencias dejando pasar de largo su abundancia.

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