CON EL CORAZÓN ANTES QUE CON EL BOLSILLO.

Durante las últimas dos semanas he estado confrontada con el "servicio" ha sido una confrontación muy fuerte, por cuanto he estado del otro lado de la puerta de predicadores al respecto que a la hora de poner en práctica sus discursos simplemente me han cerrado las puertas en la cara. Cuando era niña mi madre siempre me trasmitió una certeza absoluta en las personas religiosas, lógicamente católicas, porque era nuestra religión, y pensar en que un sacerdote le diera la espalda a uno era prácticamente inconcebible, no pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta que había un gran componente de idealización y que el servicio no estaba para nada emparentado con la religión.

He comprendido que el servicio es una bella palabra que veo a diario escrita en las redes sociales de Internet y donde la gente se conglomera para recoger fondos para todos los desprotegidos, con lo cual su imagen obtiene alguna ganancia, pero que en la vida práctica sólo una gran minoría está dispuesto a asumir el compromiso que implica el servicio.



Irónicamente mientras paso por éste momento de mi vida me he encontrado con mucha gente que necesita de mí, aunque yo esté pensando que quien necesita más soy yo.

Como la mujer a quien le ayude calmando y poniendo bajo control a su hija drogada en el hospital cuando se enfrentó en una violenta discusión con una enfermera y a quien le traduje lo que estaba pasando porque no hablaba inglés, pese a que yo no había dormido en toda la noche, estaba angustiada por la salud de mi hija y tenía deseos de crucificar a todos los predicadores sobre servicio. O como la mujer que me pidió que la transportara hasta su casa luego de una ardua jornada de trabajo para poder llegar a tiempo para alimentar a su bebé, una desconocida que me encontré en el supermercado y que para variar se presentaba luego de otra de mis jornadas de trasnocho cuidando a mi hija y mi nieta. O como la vecina que llegó a mi puerta llorando (cuando tenía que salir a casa de mi hija de nuevo para cuidarla) porque su hermano está gravemente enfermo en otra ciudad y ella debe viajar pero no tiene con quien dejar al "Príncipe Patricio" su gato, y yo le robé tiempo de estancia con mi hija para consolarla y recibir sus llaves para cuidar su gato. Conforme pasan los días y se presentan cada vez más personas que de una u otra forma necesitan de mi un servicio que otra persona no ha podido o no ha querido brindarles, me doy cuenta que el servicio esta en vía de extinción, que somos una sociedad recolectora de dinero para "ayudar" a otros y con ello lavamos nuestra conciencia y obtenemos el rótulo de "servidores". Pero los otros servicios, como el que me brindó Christel, la amiga de mi hija relevándome en un día para que yo pudiera descansar, ése tipo de servicio no estamos prestos a otorgarlo, porque quizá ese tipo de servicio es más costoso y exige más de nosotros.

En momentos como éstos, es cuando me alegro de no haber perseguido nunca el sueño americano , porque de haberlo hecho ya tendría en el disco duro de mi cerebro grabada la idea de que no tengo tiempo para ayudar a quienes se atraviesan en mi camino y necesitan de mi. Ahora puedo reconocer la verdadera pobreza, estoy rodeada de ella, por muy bien vestida que esté, por muchas joyas que lleve encima, por muchos títulos que tenga colgados en su pared, por muchos amigos que diga tener, por muy grande que sea su círculo familiar, la pobreza es sólo una, y me alegra también tener la suficiente visión emocional para identificarla. Sobre todo porque con los cambios que estamos observando en el planeta, la verdadera supervivencia no le será otorgada a los que saben solucionar problemas con dinero, sino a los que tienen suficiente inteligencia emocional para priorizar y saber que el factor humano, siempre termina imponiéndose y que cuando muchas cosas hayan fallado en este planeta el dinero no se podrá comer, que nuestra supervivencia dependerá de la capacidad que tengamos para "servir" con el corazón antes que con el bolsillo.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
pero recuerda aquello de "que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha"
Brevisa ha dicho que…
Como dice la frase célebre quien no nace para servir, no sirve para vivir... Excelente! Gracias por tus reflexiones.
Lumediana ha dicho que…
Cuando la mano izquierda esta tan abatida, es bueno que sepa lo que esta haciendo la derecha, tambien se vale publicar los logros del alma, sobre todo cuando no hay mas logros para exhibir
Lumediana
Anónimo ha dicho que…
El compartirnos las experiencias ayuda a que todos reflexionemos. Estamos de acuerdo, es más fácil solucionar los problemas con dinero que con servicio.
Abrazos, Mirta
Anónimo ha dicho que…
bajo ese lema de que tu mano izquierda no se entere de lo que hace la mano derecha, es que se han amparado los curas, se echan la bedicion con la mano derecha porque con la izquierda estan manoseando ninos, es mejor que ambas manos esten enteradas de lo que esta pasando, eso es honestidad, no te de miedo exhibir tus actos de servicio por lo menos sabemos lo que tus dos manos estan haciendo.
Anónimo ha dicho que…
"Para la gran mayoría es muy difícil servir a los demás sin esperar recompensa. Para poder serle útil a alguien de una manera desinteresada debo primero reconocer mis egos y darme cuenta de que yo no soy el importante, sino el otro.

Servir es una vocación que require dejar de un lado la comodidad personal y con frecuencia se acompaña de sacrificios... Sirvo al otro por lo que doy y no por lo que recibo. "

Felipe A Lora
Anónimo ha dicho que…
Yo no creo que el servicio y la misericordia se una condición de dinero. Conozco a muchas personas que lo poseen además, tienen alma y corazón generosos. Sin que descuiden las cosas fundamentales en la vida que es no solo dar amor a sus seres queridos tambien a los necesitados.
El reconocimiento va desde y para nosotros.
Quienes buscan la parte económica para "hacer el bien" solo cubren su alma obscura bajo la piel del cordero.
Saludos
Silvia Luna

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