BRUJA DE MAGIA BLANCA

Tengo una boicoteadora de romances que con frecuencia me ha echado a perder momentos de romanticismo o de placer, esa boicoteadora es una observadora que se hace tras bambalinas de mi ser a vigilar lo que se mueve en el escenario. Recuerdo dos eventos en particular que me echó a perder.

El primero fue estando yo divorciada, en la ciudad de Cali, cuando salí con un atractivo e interesante hombre, quien no sabía que era mi mejor postulante a pareja. Él me miraba como la mujer que se llevaría a la cama y yo lo miraba como el hombre que se casaría conmigo. El hombre conducía un auto del año, no he sido conocedora de autos, así que no podría decir la marca, sólo sé que era el auto del año porque él lo mencionaba en nuestras conversaciones como parte de la dote que me tocaría si es que conseguía pasar la prueba de las primeras citas. La cena se daba en un lujoso restaurante en el oeste de la ciudad, y yo me sentía una reina atendida por el hombre que para entonces era el de mis sueños, la conversación era interesante y él sabía estimularme intelectualmente al punto de poderme llevar a la cama sin mucho esfuerzo, pero algo pasó, de repente él perdió la destreza del arquero apuntando al blanco sin interés de ganar, y perdió su pulso porque una meta obsesiva se le atravesó en su camino. De pronto su meta no era yo, sino mi cuerpo, y aunque la mujer que estaba sentada frente a él seguía deslumbrada con su presencia, aquella observadora de mi trastienda se despertó de su sueño maya de seducción y empezó a alertarme de que mi marinero estaba cambiando de rumbo y nuestra embarcación podría zozobrar. Lo hizo, perdió la clase pidiendo expresamente que me acostara con él, y no entiendo porqué, él era un hombre que no necesitaba pedir ese tipo de cosas, él podía conseguir que se le dieran las cosas sin tanto esfuerzo, sin pedirlo siquiera. Fue entonces cuando la observadora tomó el control de la situación y le pidió prestado su auto para recoger unas cosas en la ciudad de Palmira que queda a una media hora de Cali, no tardaría mucho, y estaría de regreso antes de la media noche y el resto de la noche sería nuestra, le dije. Abrió sus ojos sorprendido por mi atrevimiento, pedirle prestado su auto nuevo, su trofeo, su herramienta de conquista, que desatino, me imagino que pensó. Me dijo que no, que entre otras cosas, él no me conocía lo suficiente para confiarme su auto, que apenas nos estábamos conociendo, que era un auto muy costoso etc.

Le dije que me sorprendía que su auto tuviera más valor para él, que su propio cuerpo, ya que su cuerpo si me lo pensaba prestar esa misma noche aún cuando yo seguía siendo la misma casi desconocida a quien él no le prestaría su auto, y concluí, mejor dicho aquella boicoteadora mujer que estaba liderando todo tras bambalinas concluyó diciéndole que no estaba muy interesada en seguir saliendo con alguien que tenía menos amor por su cuerpo que por su auto.

Me quedé con las ganas del “postre” con el patrocinio de aquella mujer que estaba escondida en mi trastienda dándose cuenta de lo que yo no quería ver. Y cuando pierdo el deseo por el postre, solo hay una solución: cambiar de postre.



El segundo evento ocurrió cuando un hombre quien terminó su relación con una mujer bastante agresiva con la que yo tenía que interactuar por razones laborales, se tornó repentinamente interesado en mí. Tenía una habilidad maravillosa para decir cosas bonitas y despertar a mujeres diferentes en mí, sus halagos hacían derrochar casi tantas endorfinas en mi cuerpo, como un par de horas en el gimnasio. Con lo que conseguía no sólo despertar algún interés en mí, sino una sospechosa alegría que me hacía cargar con una sonrisa permamente dibujada en mi rostro. Aunque él no era ni remotamente el tipo de hombre en quien yo me fijara alguna vez en mi vida, además sus intereses eran muy distintos de los míos. Pero de repente resulté involucrada con él, y tras un intercambio de besos y contacto físico, llego el día de la gran cita nocturna, a la que toda mujer sabe a que va. El estaba allí sentado en la mesa del restaurante recitando las frases que todas queremos escuchar y que no repetiré aquí porque tanto las damas como los hombres las conocen de memoria, y yo estaba deleitándome con el momento, cuando apareció la boicoteadora, haciéndome preguntas, que si de verdad me atraía físicamente, que lo mirara bien, que si de verdad me gustaba hablar con él, que me diera cuenta, que a lo mejor lo que yo estaba disfrutando no era de él, sino de la mujer en la que él me convertía con sus palabras etc. Pero la estocada final me la dio cuando me aseguró con todas sus letras que yo no estaba saliendo con él porque me gustara sino porque con ello estaba haciendo infeliz a la mujer que el había abandonado y que yo sabía que cuando ella supiera que estábamos saliendo, ella se molestaría tanto, que eso era lo que más me gustaba de él, recuerdo que me dijo “no es él quien te gusta, sino el daño que le puedes hacer a ella, a través de él”. Con esa frase me levantó de la silla y me marché, luego de permitir que él también escuchara lo mismo que yo acababa de escuchar de boca de la mujer que boicotea mis romances tras bambalinas, pero que también soy yo, a la que abrazo por cruda que ella sea, que me ha rescatado de los desatinos más grandes en los que me habría podido embarcar y que sobre todo me consuela cuando las cosas no salen como yo quiero, mostrándome el monstruo que en realidad es el ego. Esa es mi bruja interior, una bruja que he aprendido a amar, porque utiliza toda su magia blanca para obligarme a ser más exhaustiva y a cuidar más de mi misma, porque cuando cuido de mi misma cuido de los demás, protejo a los demás de mi inconsciencia y de la ceguera en la que el ego nos atrapa.


Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Que bien describes a tu bruja. Gracias por compartirnos experiencias personales de las cuales todos aprendemos.
Te sigo leyendo.
Juan ha dicho que…
La ultima oración es de antología, "cuiderse a si mismo es cuidar a los demas"..., porque a traves de la intimidad se transmiten egos, entidades, asi que es importante difundir el Amor y no los caprichos personales. Damas, diculpen la terminología, -esta incluida en el texto- pero los hombres debemos aprender a pedirlo mejor!!

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