LIGEROS DE EQUIPAJE.

Después de doce años de no vernos, mi amiga Elizabeth y yo pensamos que teníamos mucho que decirnos, cuando estuvimos la una frente a la otra los espacios que visitamos hablaron por y para nosotras y experimenté lo que más me gusta, que es conocer a los demás viviéndolos, experimentándolos, dejar que su verdadera naturaleza se exprese a través de las vivencias compartidas y de la manera como nos desenvolvemos en una convivencia temporal que nos da una antesala de lo que es la convivencia en líneas generales. Las tardes en la playa siempre fueron el escenario más benevolente que encontramos, recibiéndonos con unos atardeceres hermosos, el mar en calma, el agua tibia, una soledad que resaltaba nuestra presencia en aquel lugar, un hombre que religiosa y puntualmente pasaba en su parapente a la misma hora todas los días y giraba su parapente justo sobre nosotros regresando al norte de donde había partido mientras agitaba su mano en el aire saludándonos y despidiéndose. Muchas veces pensé que sólo venía a verificar que estábamos allí, pero mi esposo me sacó de la fantasía cuando me dijo que sólo estaba aprovechando las excelente condiciones del tiempo para poder volar.

Leif Ingve la pareja de mi amiga Elizabeth exhibió para mi un alma muy particular, un hombre limpio y transparente con una sonrisa permanente dibujada en su rostro, que no consiguió arrebatar ni siquiera el hecho de que teníamos rutas diferentes para llegar a los Everglades, regalándome una gran lección ese día, mientras me invitaba a soltar el control sobre lo conocido para aventurarme en nuevas formas de conquistar el mismo destino que se suponía que yo dominaba perfectamente. Ese día observé fríamente a mi ego sangrar cuando Leif Ingve se alejaba de la carretera que yo conocía bien y que nos conducía a los Everglades, traté de tomar el control para que él tomara la vía “conocida”, pero el tenía junto con su GPS noruego una ruta diferente para llegar al mismo destino. A pesar de que tardamos más, porque tuvimos un desvío accidental en la ruta, llegamos a nuestro destino por esa ruta desconocida para mí, ese día vivencié algo que en teoría había aprendido, que las rutas de los demás que uno a veces piensa que son equivocadas, solo son distintas, y que nos pueden conducir al mismo lugar brindándonos además la oportunidad de ampliar nuestro panorama y de conocer nuevas vías, ahora ya sé algo que no sabía antes, como llegar al mismo sitio por dos caminos diferentes.

También pude ver como un hombre en "Bayside" trataba de seducir a Leif Ingve para que tomara un crucero por la bahía. Mientras le describía la ruta, me di cuenta que los dos estaban hablando el mismo inglés, pero un idioma motivacional distinto, el hombre que vendía los cruceros trataba de que él se sintiera atraído por la idea de conocer las casas de famosos como Ricky Martin, Paulina Rubio y otros que a decir verdad yo tampoco sé quienes son porque son de la farándula deportiva. Sólo que Leif Ingve no tenía la más mínima idea de quienes eran esos personajes. Para Leif Ingve su motivación era la duración del crucero, y los paisajes que podía ver, el contacto con la naturaleza que el crucero le podía ofrecer, como nada de éso estaba incluido en el paquete, desistimos del viaje. A pesar de que mucha gente se puede reír de la "ignorancia" de una persona que sabe poco de famosos, a mi me pareció fascinante, sobre todo porque en cada momento que compartía con mis amigos noruegos, se desplegaba una simplicidad en su manera de vivir la vida que se me antojaba tan atractiva y que para mi son su mayor riqueza. Cuando finalmente les pregunté a los dos si querían ir de compras, respondieron que ya tenían cuanto necesitaban y que no querían hacer más pesado el equipaje.

Me quedé pensando en nuestro equipaje de vida y en el peso del mismo, y en como pensamos que cargándonos de más cosas valemos más o ganamos más aprobación, me quedé pensando en las carteras que cargo y en lo que llevo dentro de ellas, y en cuantas de las cosas que cargo realmente necesito y en cuantas sólo me otorgan una ficticia seguridad. Pero sobre todo me quedé pensando en el peso de nuestro equipaje, representado en rencores y en personas que seguimos cargando a cuestas porque no las toleramos y porque pensamos que están equivocadas, y en como no nos damos cuenta que aunque las dejamos atrás físicamente las seguimos cargando de alguna forma, sobre todo si las borramos de nuestra lista de amistades por no pensar como nosotros. La visita de mis amigos noruegos me conectó una vez más, como cuando viví en Noruega, con la simplicidad y la infinita riqueza que es dejarse atrapar por ella. Y a pesar de que cada día procuro simplificar más mi vida, ese día supe que aún tengo mucho equipaje que soltar.

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